La Navidad es la fiesta más importante del calendario internacional. Cada país conserva además costumbres únicas, muy estimadas por la población. En Rusia la gente prepara doce platos en honor de los doce apóstoles, y después regresa a la iglesia para una vigilia que dura toda la noche. En Estonia los niños deben cantar antes de recibir los regalos. En México se reúnen grupos de personas que van de puerta en puerta cantando la historia de José y María en busca de alojamiento; en la casa que los recibe se rompen piñatas llenas de dulces.
¿Pero cómo se llegó de aquella historia en la Biblia —una joven judía dando a luz al mesías de Israel en un pesebre en la ciudad de Belén— a la Navidad moderna? ¿Cómo terminaron Santa Claus, el abeto de Navidad, los trineos de nieve, los regalos y las reuniones familiares —ocasión de estrés para muchos— convirtiéndose en rasgos distintivos de esta celebración, si nada de eso estaba ahí en un inicio? La respuesta es que están ahí porque, a lo largo de veinte siglos, hubo una cadena de acontecimientos, personajes, tradiciones orales, obras artísticas que se unieron para hacer de la Navidad la estación para compartir, abrazarse, reencontrar a la familia, dar regalos y mucha azúcar a los niños. Es la historia de ese largo proceso —del evangelista escribiendo la historia de un nacimiento, al mayor periodo de consumo en la economía de los países de Occidente— sin duda lo más fascinante. De eso trata este libro: no del nacimiento de Jesús hace dos mil años en el actual estado de Israel, sino de cómo la narración de ese alumbramiento se convirtió en el día de estar contentos. Fa, la la la la…
By Libros de México Editores